After returning from a year and half of overseas mission work, Bob Clayton, a member of the Clovis church, found himself praying for direction. Though he had moved back to California to be closer to his son and family, he sensed that God still had a ministry for him—he just didn’t know what it was yet. So, he began walking through the community, praying and listening for God’s leading.
One afternoon near Fresno State University, Bob encountered a woman sitting at a table displaying a Christian sign. He shared an idea that had been quietly growing in his heart: setting up a simple table and offering to pray with anyone who needed it. Her response was immediate—“That’s a great idea!”—and she directed him to the second floor of the Student Union where he could request permission to begin. That early September conversation became the seed God used to launch a powerful campus ministry.
Since then, Bob has faithfully set up his prayer table every Tuesday and Thursday, spending four to five hours at the heart of campus. What has grown from that single table is a quiet yet deeply meaningful ministry of spiritual care for students navigating stress, loneliness, and major life transitions.
A typical day varies, but the pace of ministry rarely slows. Some students walk directly toward the table, asking for prayer about exams, family problems, or overwhelming anxiety. Others watch from a distance until Bob offers a welcoming smile and gently waves: “We’re praying for people—can I pray for you?” Across a four-hour period, he prays for an average of 10 to 20 students.
Memorable moments appear often. Recently, a young woman walked up, nearly in tears. When Bob softly asked how he could pray, she replied, “I’m not doing very well,” her voice trembling. After prayer, her face softened and she thanked him earnestly—one of many reminders that God continues to reach students through these quiet acts of compassion.
Another student has become a frequent visitor. Despite a painful family situation—a father experiencing homelessness and a mother currently incarcerated—he consistently demonstrates hope and gratitude. He asks Bob for a Bible verse after each prayer, seeking encouragement for the day. “I have a heart for him,” Bob said. “He’s going through so much, but he still wants to grow closer to God.”
Surprisingly, some students have also offered to pray for Bob. Since September, eight to ten students have approached the table—not for prayer, but to pray for him, the minister who prays for others. Five of these students now participate in a group text through which Bob invites them to join him at the table whenever they are free. Though they do not know each other, they form a small prayer team—young adults learning firsthand the joy of intercessory prayer.
This ministry has even extended beyond campus. During Thanksgiving week, when classes were not in session, Bob sent a message to the prayer group inviting anyone who wished to join him at the Fashion Fair Mall to pray for people as they walked by. One student responded, and together they spent two and a half hours offering prayer for anyone willing to receive it. “It was a blessing,” Bob shared. “A beautiful surprise.”
When asked about the future, Bob does not claim to have a grand strategic plan. “A retired pastor once told me that God put him in ministry to save him,” Bob reflected. “In many ways, I feel the same. After much prayer, this is where God led me—and I just want to keep showing up.”
He hopes more people—especially young adults—will join him. He’s already had help from a local physician, several pastors, and a young woman with previous campus ministry experience in Canada. His desire is simple: that more people would discover the blessing of praying for others.
Each prayer table shift requires a $10 reservation fee through Fresno State’s system, which Bob covered himself until a member of Clovis church recently stepped in to support the ministry financially. “It’s not a large cost,” Bob said, “but it means a lot to know someone believes in what God is doing.”
As hundreds of students make their way across campus each week—many carrying invisible burdens—one small table with a handwritten sign continues to offer a simple question: “Do you need prayer?"
If you’re interested in supporting this ministry or joining Bob at the prayer table, Bob welcomes anyone who feels led to reach out and be part of God’s work at Fresno State. You can contact him at Bob Clayton: bobclayton1969@gmail.com.
____________________
By Bryan Bong
«¿Necesita oración?»
Tras regresar de un año y medio de trabajo misionero en el extranjero, Bob Clayton, miembro de la iglesia de Clovis, se encontró orando en busca de dirección. Aunque se había mudado nuevamente a California para estar cerca de su hijo y su familia, sentía que Dios aún tenía un ministerio para él, aunque todavía no sabía cuál sería. Así que comenzó a caminar por la comunidad, orando y escuchando atentamente la dirección de Dios.
Una tarde, cerca de la Fresno State University, Bob se encontró con una mujer sentada en una mesa con un letrero cristiano. Compartió con ella una idea que había ido creciendo silenciosamente en su corazón: colocar una mesa sencilla y ofrecer una oración a quien la necesitara. La respuesta fue inmediata: «¡Es una gran idea!». Ella le indicó que acudiera al segundo piso del edificio de la Unión de Estudiantes para solicitar el permiso correspondiente. Aquella conversación, a principios de septiembre, se convirtió en la semilla que Dios utilizó para dar inicio a un impactante ministerio universitario.
Desde entonces, Bob instala fielmente su mesa de oración todos los martes y jueves, dedicando entre cuatro y cinco horas en el corazón del campus. De esa sencilla mesa ha surgido un ministerio discreto, pero profundamente significativo, de atención espiritual para estudiantes que enfrentan estrés, soledad y grandes transiciones en sus vidas.
Cada día es distinto, pero el ritmo del ministerio rara vez disminuye. Algunos estudiantes se acercan directamente para pedir oración por exámenes, problemas familiares o una ansiedad abrumadora. Otros observan desde lejos hasta que Bob les ofrece una sonrisa acogedora y les dice con suavidad: «Estamos orando por las personas. ¿Puedo orar por ti?». En un lapso de cuatro horas, suele orar por un promedio de 10 a 20 estudiantes.
Con frecuencia se viven momentos memorables. Recientemente, una joven se acercó visiblemente afectada, casi llorando. Cuando Bob le preguntó con delicadeza cómo podía orar por ella, respondió con voz temblorosa: «No estoy muy bien». Tras la oración, su rostro se relajó y agradeció sinceramente. Fue otro recordatorio de que Dios sigue alcanzando a los estudiantes a través de esos silenciosos actos de compasión.
Otro estudiante se ha convertido en visitante habitual. A pesar de una dolorosa situación familiar —un padre en situación de calle y una madre actualmente encarcelada—, demuestra de manera constante esperanza y gratitud. Después de cada oración, le pide a Bob un versículo bíblico para animarse durante el día. «Tengo un cariño especial por él», comenta Bob. «Está pasando por mucho, pero aun así desea acercarse a Dios».
De manera sorprendente, algunos estudiantes también se han ofrecido a orar por Bob. Desde septiembre, entre ocho y diez jóvenes se han acercado a la mesa no para recibir oración, sino para orar por él. Cinco de ellos participan ahora en un grupo de mensajes de texto mediante el cual Bob los invita a acompañarlo en la mesa cuando tienen disponibilidad. Aunque no se conocían previamente, han formado un pequeño equipo de oración: jóvenes adultos que aprenden, de primera mano, la alegría de la intercesión.
El ministerio incluso se ha extendido más allá del campus. Durante la semana de Acción de Gracias, cuando no había clases, Bob envió un mensaje al grupo invitando a quienes quisieran acompañarlo al centro comercial Fashion Fair Mall para ofrecer oración a las personas. Un estudiante respondió y juntos pasaron dos horas y media orando por quienes lo aceptaron. «Fue una bendición», compartió Bob. «Una hermosa sorpresa».
Al hablar del futuro, Bob no menciona un gran plan estratégico. «Un pastor jubilado me dijo una vez que Dios lo puso en el ministerio para salvarlo», reflexiona. «En muchos sentidos, siento lo mismo. Después de mucha oración, aquí es donde Dios me ha guiado, y solo quiero seguir estando disponible».
Bob espera que más personas —especialmente jóvenes adultos— se unan al ministerio. Ya ha recibido apoyo de un médico, varios pastores y una joven con experiencia previa en el ministerio universitario en Canadá. Su deseo es sencillo: que más personas descubran la bendición de orar por los demás.
Cada reserva de la mesa de oración requiere una tarifa de 10 dólares a través del sistema de Fresno State, la cual Bob cubrió personalmente hasta que, recientemente, un miembro de la iglesia de Clovis comenzó a apoyar económicamente el ministerio. «No es un costo elevado», comenta Bob, «pero significa mucho saber que alguien cree en lo que Dios está haciendo».
Mientras cientos de estudiantes recorren el campus cada semana —muchos llevando cargas invisibles—, una pequeña mesa con un cartel escrito a mano continúa ofreciendo una pregunta sencilla y poderosa: «¿Necesitas oración?»
Si te interesa apoyar este ministerio o unirte a Bob en la mesa de oración, él da la bienvenida a cualquiera que se sienta llamado a participar en la obra de Dios en Fresno State. Puedes contactarlo en: Bob Clayton, bobclayton1969@gmail.com.
____________________
Por Bryan Bong
