The Purpose for Which I Was Sent:

Haroldo Barceló’s History of Prison Ministry

 

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So is my word that goes out from my mouth: It will not return to me empty, but will accomplish what I desire and achieve the purpose for which I sent it.

Isaiah 55:11, NIV

Fresh out of high school, while attending a newly opened junior college program at Colegio de la Pacifica in Navojoa, Sonora, Mexico, Haroldo Barceló joined a student ministry visiting a local prison on Sabbath mornings. 

“We were surprised to find that many inmates were simply individuals who had made poor decisions under the influence of drugs or alcohol,” Barceló said. “We enrolled several of them in the La Voz de la Esperanza Bible course and eventually started a whole Sabbath School class.”

Every Thursday a group of students would go door-to-door, collecting books for the inmates. Barceló was especially consistent in this effort, and many of the homes he visited had stacks of books already waiting for him when he arrived.

At the end of the school year, thanks to the efforts of Barceló and his classmates, the prison officially opened their library. The city mayor and college president both attended the ceremony. 

“One of the inmates gave a moving speech, and a local newspaper covered the story,” Barceló recalled. 

The students had developed such positive relationships with the inmates of the prison that when the time came for Colegio de la Pacifica graduation, they requested permission for one of the inmates who had shown great interest in the Bible to attend the ceremony. 

“Permission was granted, and on Saturday morning, my cousin and I picked up the inmate, who spent the day in church, ate in the cafeteria with us, and returned to jail that evening,” Barceló shared. “The experience was profound for everyone involved.”

Barceló eventually obtained a theology degree and became a pastor. During his years in this role, to his sorrow, he has been called upon to attend the sentencing of a couple of church members, and he has visited them in prison.

“Over time, I have come to believe God was preparing me for a specific kind of ministry,” Barceló said. “One behind prison walls.”

Several years ago, Barceló began working as a counselor in High Desert State Prison in Susanville, California, offering services in alcohol and drug rehabilitation, criminal thinking, anger management, and family counseling. Initially a volunteer, he would play Christian music on his guitar and harmonica and give spiritual talks about the freedom found in Jesus. He was soon appointed Protestant chaplain at the prison.

His music was both inspiring and motivating; inmates began asking to learn how to play the guitar, and Barceló began teaching them. The group grew to six, then more asked to join, so Barceló recruited help from a former rock guitarist among the inmates. 

“Eventually, I had 16 guitars in my office,” Barceló commented. “The music class became a way to engage inmates in Christ’s service.”

A Bible study class followed, using the Bible study guide La Fe de Jesús, with 25-30 inmates attending every Sabbath afternoon. “Twelve inmates have expressed a desire to be baptized after completing the course,” Barceló said. He hopes to make that happen very soon. “I see these efforts as a means of helping inmates realize God’s moral guidance,” he added. “It’s like spiritual stop signs to avoid falling back into former paths.”

Recently, Barceló received a request from an inmate in solitary confinement. The man wanted a Bible and religious literature, so Barceló delivered a Bible, The Desire of Ages, The Great Controversy, Steps to Christ, and other books.

“I told him that if he promised to read them, I’d leave all of them with him,” Barceló shared. The inmate promised, and a week later, Barceló received a heartfelt letter: “It was an honor to meet you and receive those books. After you left, I cried my soul out. I felt like the lost sheep, and the Shepherd had found me. Thank you so much for your visit. I’m now attending the religious groups in the chapel.”

“That letter moved me to tears,” Barceló admitted. “This is why I’m here—serving as an instrument of the Lord, helping redeem lives behind bars.”

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By Becky St. Clair and Haroldo Barceló

 

 

 

El propósito para el que fui enviado: la historia del ministerio en la prisión de Haroldo Barceló

«Así es también la palabra que sale de mi boca:bNo volverá a mí vacía,bsino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos»

Isaías 55:11

Recién graduado de la secundaria, mientras asistía a un programa de colegio recién inaugurado en el Colegio del Pacífico en Navojoa, Sonora, México, Haroldo Barceló se unió a un ministerio estudiantil visitando una prisión los sábados por la mañana. 

«Nos sorprendió descubrir que muchos internos eran simplemente individuos que habían tomado malas decisiones bajo la influencia de drogas o alcohol», dijo Barceló. «Inscribimos a varios de ellos en el curso bíblico de La Voz de la Esperanza y finalmente empezamos toda una clase de Escuela Sabática».

Cada jueves, un grupo de estudiantes iba puerta por puerta recogiendo libros para los presos. Barceló fue especialmente constante en ese esfuerzo y muchas de las casas que visitó ya tenían pilas de libros esperándole cuando llegaba.

Al final del curso escolar, gracias a los esfuerzos de Barceló y sus compañeros, la prisión inauguró oficialmente su biblioteca. El alcalde de la ciudad y el presidente del colegio asistieron a la ceremonia. 

«Uno de los presos pronunció un discurso emotivo y un periódico cubrió la historia», recordó Barceló. 

Los estudiantes habían desarrollado relaciones tan positivas con los internos de la prisión que, cuando llegó el momento de la graduación del Colegio dei Pacífico, solicitaron permiso para que uno de los presos que había mostrado gran interés por la Biblia asistiera a la ceremonia. 

«Se concedió el permiso, y el sábado por la mañana, mi primo y yo recogimos al preso, que pasó el día en la iglesia, comió con nosotros en la cafetería y volvió a la cárcel esa misma tarde», compartió Barceló. «La experiencia fue profunda para todos los implicados».

Barceló obtuvo finalmente el título de teólogo y se convirtió en pastor. Durante sus años en ese cargo, para su pesar, ha sido llamado a asistir a la sentencia de un par de miembros de su iglesia, y los ha visitado en prisión.

«Con el tiempo, he llegado a creer que Dios me estaba preparando para un tipo específico de ministerio», dijo Barceló. «Un ministerio detrás de los muros de la prisión».

Hace varios años, Barceló comenzó a trabajar como consejero en la prisión estatal High Desert en Susanville, California, ofreciendo servicios en rehabilitación de alcohol y drogas, conducta criminal, manejo de la ira y asesoramiento familiar. Inicialmente como voluntario, tocaba música cristiana con su guitarra y armónica y daba charlas espirituales sobre la libertad que se encuentra en Jesús. Pronto fue nombrado capellán protestante en la prisión.

Su música era tanto inspiradora como motivadora; los presos empezaron a pedir aprender a tocar la guitarra, y Barceló empezó a enseñarles. El grupo creció hasta seis, y luego más pidieron unirse, por lo que Barceló reclutó ayuda de un antiguo guitarrista de rock entre los presos. 

«Al final, tenía 16 guitarras en mi despacho», comentó Barceló. «La clase de música se convirtió en una forma de involucrar a los internos en el servicio de Cristo».

Después se realizó una clase de estudios bíblicos, utilizando la guía de estudio bíblico La fe de Jesús, con entre 25 y 30 internos asistiendo cada tarde de sábado. «Doce internos han expresado el deseo de bautizarse tras completar el curso», dijo Barceló. Espera que eso ocurra muy pronto. «Veo esos esfuerzos como un medio para ayudar a los internos a comprender la guía moral de Dios», añadió. «Son como señales de parada espirituales para evitar caer en su forma anterior de vivir».

Recientemente, Barceló recibió una solicitud de un preso en confinamiento solitario. El hombre quería una Biblia y literatura religiosa, así que Barceló le entregó una Biblia, El deseado de todas las gentes, El conflicto de los siglos, El camino a Cristo, y otros libros.

«Le dije que si prometía leerlos, se los dejaría todos», compartió Barceló. El recluso lo prometió, y una semana después, Barceló recibió una carta muy sentida: «Fue un honor conocerle y recibir esos libros. Después de que se fue, lloré desconsoladamente. Me sentía como la oveja perdida, y el Pastor me había encontrado. Muchas gracias por su visita. Ahora asisto a los grupos religiosos de la capilla».

«Esa carta me conmovió hasta las lágrimas», admitió Barceló. «Por eso estoy aquí: sirviendo como instrumento del Señor, ayudando a redimir a vidas tras las rejas».

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Por Becky St. Clair y Haroldo Barceló