Not Just Present: Disabilities Ministries Provides Resources for Accessibility in the Chur

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Bill Davis was born with Primary Immune Deficiency, a condition that compromised his body’s natural defenses, leaving him prone to frequent infections and hospital stays. “The constant vigilance over my health became a familiar rhythm,” Davis recalled. As a child, he often felt as though he was living in a bubble, fully aware of the unseen battle within, yet yearning for the freedom of unrestricted play like his peers. 

As he grew older, Davis said, “another facet of my unique design became apparent,” and he was diagnosed with Attention Deficit Hyperactivity Disorder (ADHD). This diagnosis is often misunderstood, and Davis experienced this firsthand. Later in life, he became an amputee, which was more than just a physical change for him. “It was also an emotional and spiritual reckoning,” he said.

Davis is one of millions of people around the world who live with disabilities—some visible, some not; some suddenly life-changing, some lifelong. The Adventist Church has made it a priority to specifically and directly serve those living with disabilities through Adventist Disabilities Ministries, also known as Possibilities Ministries. Early in 2025, Davis was selected to serve as director of this ministry for the Pacific Union Conference.

It’s about fostering a culture of belonging, where individuals with disabilities are not just present but actively engaged, leading, and contributing their unique talents to the body of Christ.

Bill Davis

Disabilities Ministries is an avenue for churches and church organizations to specifically reach those living with disabilities. Based in the North American Division offices, the ministry advises other ministries and church leadership, serves as liaisons with service organizations such as Christian Record Services, and provides resource materials for local congregations. “Our ministry strives to ensure every person can fully participate in worship, fellowship, and service,” the ministry states on its website.

Some resources available through Disabilities Ministries include, among others, National Camps for Blind Children; evangelism and accessibility tips for churches; and a collection of church materials and resources available in audio format, Braille, and large print.

As director of this ministry in the Pacific Union Conference, Davis listed three goals: Raise awareness, improve physical access, and facilitate integration into church communities for those with disabilities. Not all church buildings are disability-accessible, and not every congregation is sensitive to the needs of those within their ranks who are differently abled, Davis pointed out. 

“From ramps and accessible restrooms to sensory-friendly environments, we must ensure our churches are truly welcoming spaces where everyone can participate fully in worship, fellowship, and service,” he stated. 

Providing space for people living with disabilities in the church service and community goes beyond physical access, however, Davis said. “It’s about fostering a culture of belonging, where individuals with disabilities are not just present but actively engaged, leading, and contributing their unique talents to the body of Christ.”

His own life experience feeds Davis’ passion for serving others who live with disabilities. “For me, ADHD translated into a mind that raced with ideas, a spirit brimming with curiosity, and an energy that sometimes felt boundless, even when my body was not,” he explained. Davis learned to think creatively, find innovative solutions, and approach challenges from multiple angles. “It also taught me patience—both with myself and the world around me—as I learned to channel that energy and focus my thoughts for God’s glory.”

Having himself walked the challenging road of testing, refinement, and strengthening while remaining deeply connected to the church and his Savior, Davis firmly believes it is fully possible for every church and ministry to provide accessible opportunities for all. “Our churches can be shining examples of inclusivity,” he said. “My journey has granted me a deep understanding of the barriers that many individuals with disabilities face—not just physical obstacles but also societal attitudes and, at times, even unintended barriers within our own church communities.”

He concluded: “We need to open our eyes and our hearts to the diverse needs and incredible gifts of every member. Disability is not a separate issue; it is an integral part of the human experience, and those living within it are each a vital part of our church family.”

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By Becky St. Clair and Bill Davis

 

 

 

No solo presente: Ministerio a minusválidos ofrece recusos para accesibiidoad en la iglesia

Bill Davis nació con deficiencia inmunitaria primaria, una condición que comprometía las defensas naturales de su cuerpo y lo hacía propenso a infecciones frecuentes y a estancias hospitalarias. «La vigilancia constante de mi salud se convirtió en un ritmo familiar», recuerda Bill. De niño, a menudo sentía que vivía en una burbuja, plenamente consciente de la batalla invisible que libraba su cuerpo, pero anhelando la libertad de jugar sin restricciones como sus compañeros.

A medida que crecía, Davis explicó que «otra faceta de mi diseño único se hizo evidente», y fue diagnosticado con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Ese diagnóstico suele ser malinterpretado, algo que Bill experimentó de primera mano. Más adelante en su vida, una de sus piernas tuvo que ser amputada, un hecho que para él fue mucho más que un cambio físico. «También fue un ajuste de cuentas emocional y espiritual», afirma.

Bill es una de los millones de personas en todo el mundo que viven con discapacidades: algunas visibles, otras no; algunas adquiridas de manera repentina, otras presentes toda la vida. La Iglesia Adventista ha priorizado la atención directa y específica a quienes viven con discapacidad a través del Ministeri Adventista para Discapacidades, también conocidos como Ministerio de Posibilidades. A comienzos de 2025, Bill fue nombrado director de ese ministerio en la Pacific Union Conference.

El ministerio a minusválidos sirve como un puente para que iglesias y organizaciones eclesiásticas lleguen de manera intencional a personas con discapacidad. Con sede en las oficinas de la División Norteamericana, el ministerio asesora a otros ministerios y líderes de la iglesia, actúa como enlace con organizaciones de servicio como Christian Record Services, y proporciona materiales de apoyo para las congregaciones. «Nuestro ministerio se esfuerza por garantizar que cada persona pueda participar plenamente en la adoración, la comunión y el servicio», afirma el ministerio en su sitio web.

Entre los recursos disponibles a través del ministerio a minusválidos se incluyen, entre otros, los Campamentos Nacionales para Niños Ciegos, orientación en evangelización y accesibilidad para iglesias, y una amplia colección de materiales eclesiásticos disponibles en formatos de audio, braille y letra grande.

Como director de ese ministerio en la Pacific Union Conference, Bill identifica tres objetivos principales: crear consciencia, mejorar el acceso físico y facilitar la plena integración de las personas con discapacidad en las comunidades eclesiásticas. No todos los edificios de iglesias son accesibles, y no todas las congregaciones son sensibles a las necesidades de quienes viven con diferentes capacidades dentro de sus filas, señala.

«Desde rampas y baños accesibles hasta entornos sensorialmente adecuados, debemos asegurarnos de que nuestras iglesias sean espacios verdaderamente acogedores, donde todos puedan participar plenamente en la adoración, la comunión y el servicio», afirma.

Sin embargo, proporcionar espacio a las personas con discapacidad dentro del culto y la comunidad va más allá del acceso físico, añade Bill. «Se trata de fomentar una cultura de pertenencia, donde las personas con discapacidad no solo estén presentes, sino que participen activamente, lideren y aporten sus talentos especiales al cuerpo de Cristo».

Su experiencia de vida alimenta la pasión de Bill por servir a quienes viven con discapacidad. «Para mí, el TDAH se tradujo en una mente llena de ideas, un espíritu curioso y una energía que a veces parecía inagotable, incluso cuando mi cuerpo no lo era», explica. Bill aprendió a pensar de forma creativa, encontrar soluciones innovadoras y afrontar los desafíos desde múltiples perspectivas. «También me enseñó paciencia —tanto conmigo mismo como con el mundo que me rodea— mientras aprendía a canalizar esa energía y a enfocar mis pensamientos para la gloria de Dios».

Habiendo recorrido personalmente el difícil camino de la prueba, el refinamiento y el fortalecimiento, y manteniéndose profundamente conectado con la iglesia y con su Salvador, Bill cree firmemente que es posible que cada iglesia y ministerio ofrezca oportunidades accesibles para todos. «Nuestras iglesias pueden ser ejemplos brillantes de inclusión», afirma. «Mi trayectoria me ha dado una profunda comprensión de las barreras que enfrentan muchas personas con discapacidad: no solo obstáculos físicos, sino también actitudes sociales y, en ocasiones, barreras no intencionadas dentro de nuestras propias comunidades eclesiásticas».

Concluye: «Debemos abrir los ojos y el corazón a las diversas necesidades y a los increíbles dones de cada miembro. La discapacidad no es un tema aparte; es una parte integral de la experiencia humana, y quienes viven con ella son una parte vital de nuestra familia eclesiástica».

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Por Becky St. Clair y Bill Davis