Nuestra alabanza ascenderá

 

Por Ricardo Graham

«Somos testigos de Dios mientras revelamos en nosotros mismos la obra de un poder divino. Cada persona tiene una vida distinta de todas las demás y una experiencia que difiere esencialmente de la suya. Dios desea que nuestra alabanza ascienda a él señalada por nuestra propia individualidad. Estos preciosos reconocimientos para alabanza de la gloria de su gracia, cuando son apoyados por una vida semejante a la de Cristo, tienen un poder irresistible que obra para la salvación de las almas» (El deseado de todas las gentes, pág. 314).

En todo lugar en mis viajes a través de esta unión veo ejemplos de esas palabras inspiradas siendo cumplidas en nuestras iglesias y en las vidas de nuestros miembros. A juzgar por algunos blogs y páginas de la Web pareciera que existe una gran crisis acerca de cómo exactamente la iglesia afirma el ministerio de hombres y mujeres.  Pero donde la misión de Dios se lleva a cabo —donde pastores y capellanes predican la Palabra de Dios, oran por los enfermos y ministran a los afligidos; donde los miembros ayudan a sus vecinos en necesidad y donde adoramos juntos —tales asuntos como raza, cultura, edad, ingresos y sexo no nos dividen. Estamos unidos en nuestro compromiso al mensaje salvador de Jesucristo y al imperioso llamado a dedicar nuestra vida de todo corazón al cumplimiento de la comisión del evangelio.

No sé qué van a votar los delegados a esta sesión constituyente especial el 19 de agosto pero estoy persuadido de que lo que vamos a hacer va a estar motivado por nuestro amor a Dios y nuestro compromiso a hacer su voluntad. En esa reunión nuestra hermandad de iglesias en la Unión del Pacífico va a considerar algunos cambios muy pequeños, pero críticos para nuestra misión, a nuestra constitución. Creo que los cambios que el comité de la constitución ha sugerido nos ayudarán a llevar a cabo la obra del señor en la Unión del Pacífico. Es importante que hagamos pequeños cambios a la constitución no solamente por la discusión en relación a la ordenación de mujeres al ministerio del evangelio sino para proveer lugar para que el Espíritu nos guíe en todo lo que hacemos.

Creo que nuestro comité ejecutivo ha respondido al llamado del Espíritu Santo. Cristo nos pide que demos un significado tangible al llamado que el apóstol Pablo articuló a la iglesia en Galacia: «Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos. No hay Judío, ni Griego; no hay siervo, ni libre; no hay varón, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3:26-28, RVA).

Nuestra única obligación es la sagrada misión que hemos sido llamados a cumplir. Si eres un delegado a la sesión constituyente, por favor ora para que el tiempo que pasamos juntos, de la misma forma que estoy orando por ti. Si eres un miembro de la hermandad de iglesias, presenta abiertamente a nuestro Padre Celestial nuestro mayor deseo: comprender mejor y cumplir la sagrada comisión a la que hemos sido llamados individualmente y como iglesia.