

I didn’t feel like I was qualified for the job,” explained camp counselor Ricardo Molina, “but I prayed every night for wisdom, and I felt that prayer was granted.”
At the beginning of the summer, Ricardo knew he wanted to find work that was truly fulfilling, but he was not sure where to start. Camp Wawona first came up during a casual conversation with his friend, Kody Moreland. Kody eagerly shared exciting stories about his childhood summers attending camp, as well as his later experiences serving as a staff member. Inspired by Kody’s excitement to work at camp again that summer, Ricardo signed up to be a boy’s counselor, not fully knowing what to expect but eager to see what God had in store for him.
The first day arrived, and Ricardo initially found himself surrounded by strangers. However, the initial anxiety quietly disappeared as he met his new coworkers. “The atmosphere was very welcoming,” Ricardo recalled. “At first Kody hadn’t shown up yet so it was just me. But, over time, I got to know a lot of people and became really good friends with everyone on the staff team.”
Once Kody joined him at camp, both young men found themselves immersed in a work environment Kody described as “spiritually unmatched.” Their days were packed with devotional moments and spontaneous conversations with campers that led to deeper understandings of Christ’s love.


For both counselors, Thursday nights became the highlight of the week, concluding with a passion play that dramatically depicted what Jesus did at the cross. Kody’s experiences on Thursday nights had always been positive, but he said that the first week of Junior Camp was extraordinary. “I had never had a Thursday night like this,” Kody said. “I’ve never seen a group of kids completely surrender to Christ like they did after the passion play. They were all in tears, and they were sad that the week was ending. It was a special moment for me to see these kids all sign the Book of Life.”
At Camp Wawona, the “Book of Life” is a journal where young people write their names to signify a personal decision to follow Jesus. “Most of them marked that they wanted to be baptized,” Kody added. This moment reaffirmed for Kody that he was part of something far greater than just a fun camp; he felt like he was a part of a ministry that saved people’s lives through Christ’s love.
Ricardo, on the other hand, encountered a Thursday night where he was still feeling out of place. “It was a rough week for me,” he explained, “I was feeling down and like I hadn’t given my all to these campers. I went through that evening’s program feeling like I hadn’t made much of an impact.”


Then, a quiet moment opened his eyes to what God was doing. Ricardo continued, “Out of nowhere, one of the campers sitting in the back came up, hugged me, and said, ‘You are one of the only people that really understands me.’ In that moment I saw that I had really made an impact without knowing it. At the beginning of the week, I remember seeing myself in that kid, and I spent time getting to know him and giving him time and advice I had never got as a kid. When he told me this and I watched him decide to follow Jesus, I felt fulfilled and super happy I got to be a part of his walk with God.”
As the summer concluded, Ricardo was glad Kody had recommended Camp Wawona. Ricardo shared, “Working at Camp Wawona revealed to me God’s presence in our lives. We feel like sometimes God goes away from us and, to be honest, we can’t see Him. This experience helped me to see that He was there the whole time. Working with these kids and hearing their stories was powerful. Most kids I spoke with felt their week of camp was a place where they have never felt that kind of love and warmth and sense of finding a home.”
Camp Wawona proved to be far more than just a seasonal job for Ricardo and Kody. It served as a place where God’s love was tangible, lives were changed, and where everyone found true belonging in Christ.
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By Kisa de Bruin
Es más que un campamento


No sentía que estuviera capacitado para el trabajo», explicó Ricardo Molina, consejero del campamento, «pero todas las noches oraba pidiendo sabiduría y sentí que Dios respondió mi oración».
Al comenzar el verano, Ricardo sabía que deseaba encontrar un trabajo verdaderamente satisfactorio, pero no estaba seguro de por dónde empezar. Camp Wawona surgió por primera vez durante una conversación informal con su amigo Kody Moreland. Kody le contó con entusiasmo historias de los veranos de su infancia en el campamento, así como de sus experiencias posteriores como miembro del personal. Inspirado por el entusiasmo de Kody ante la posibilidad de volver a trabajar allí aquel verano, Ricardo se inscribió como consejero de un grupo de varones. No sabía por completo qué esperar, pero anhelaba descubrir lo que Dios tenía preparado para él.
Llegó el primer día y, al principio, Ricardo se encontró rodeado de desconocidos. Sin embargo, la ansiedad inicial desapareció poco a poco a medida que conoció a sus nuevos compañeros de trabajo. «El ambiente era muy acogedor», recordó. «Al principio Kody todavía no había llegado, así que estaba solo. Pero, con el tiempo, conocí a muchas personas y entablé muy buenas amistades con todos los integrantes del personal».
Una vez que Kody se reunió con él en el campamento, ambos jóvenes se vieron inmersos en un ambiente de trabajo que Kody describió como «espiritualmente incomparable». Sus días estaban llenos de momentos devocionales y conversaciones espontáneas con los acampantes que los llevaban a comprender más profundamente el amor de Cristo.


Para ambos consejeros, las noches de los jueves se convirtieron en el momento culminante de la semana y concluían con una representación de la Pasión que mostraba de manera dramática lo que Jesús hizo en la cruz. Las experiencias de Kody los jueves por la noche siempre habían sido positivas, pero dijo que la primera semana de Junior Camp fue extraordinaria. «Nunca había vivido un jueves por la noche como ese», afirmó. «Jamás había visto a un grupo de chicos entregarse por completo a Cristo como lo hicieron después de la representación de la Pasión. Todos lloraban y les entristecía que la semana estuviera terminando. Fue un momento especial para mí verlos a todos firmar el Libro de la Vida».
En Camp Wawona, el «Libro de la Vida» es un cuaderno donde los jóvenes escriben sus nombres para indicar que han tomado la decisión personal de seguir a Jesús. «La mayoría señaló que deseaba bautizarse», añadió Kody. Aquel momento le confirmó que formaba parte de algo mucho más grande que un campamento divertido; sentía que participaba en un ministerio que, por medio del amor de Cristo, salvaba vidas.
Ricardo, por su parte, vivió un jueves por la noche en el que todavía se sentía fuera de lugar. «Fue una semana difícil para mí», explicó. «Me sentía desanimado y pensaba que no había dado todo de mí a esos acampantes. Pasé el programa de aquella noche con la impresión de que no había causado un gran impacto».


Entonces, un momento de quietud le abrió los ojos a lo que Dios estaba haciendo. Ricardo continuó: «De la nada, uno de los acampantes que estaba sentado al fondo se acercó, me abrazó y me dijo: “Eres una de las únicas personas que de verdad me comprende”. En ese instante vi que, sin saberlo, realmente había causado un impacto. Al comenzar la semana recuerdo que me vi reflejado en ese muchacho, así que dediqué tiempo a conocerlo y a brindarle la atención y los consejos que yo nunca recibí cuando era niño. Cuando me dijo aquello y lo vi decidirse a seguir a Jesús, me sentí realizado y sumamente feliz de haber podido formar parte de su caminar con Dios».
Al concluir el verano, Ricardo se alegraba de que Kody le hubiera recomendado Camp Wawona. «Trabajar en Camp Wawona me reveló la presencia de Dios en nuestra vida», comentó. «A veces sentimos que Dios se aleja de nosotros y, para ser sinceros, no podemos verlo. Esa experiencia me ayudó a comprender que había estado allí todo el tiempo. Trabajar con esos chicos y escuchar sus historias fue algo impactante. La mayoría de los chicos con quienes hablé sentían que, durante aquella semana en el campamento, habían experimentado una clase de amor, calidez y sentido de pertenencia que nunca antes habían conocido».
Para Ricardo y Kody, Camp Wawona resultó ser mucho más que un trabajo de temporada. Fue un lugar donde el amor de Dios se hizo tangible, las vidas fueron transformadas y todos encontraron verdadera pertenencia en Cristo.
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Por Kisa de Bruin
